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Entrenamiento de la Fuerza y Salud en Población Pediátrica.

Actualizado: 9 ago 2022

Entrenamiento de la fuerza y salud en población pediátrica.

Dr. Santiago Kweitel

Médico Pediatra y Deportólogo




Existe un mito popular, y en parte profesional, sobre la lesión de los cartílagos de crecimiento por entrenamiento de la fuerza en niños, niñas y adolescentes, con el consecuente compromiso del crecimiento, afectándolo de manera tal que no alcanzarían su talla objetivo genética (TOG).


Es decir que “quien entrena la fuerza, se queda petiso”.


En parte, este mito surge de un trabajo científico japonés de 1964, donde se evaluó a unos niños que cargaban bolsas en el puerto y aparentemente se vio comprometido su crecimiento y no habrían alcanzado su TOG. Por supuesto, la población descripta estaba en condiciones socioeconómicas desfavorables, hasta podríamos decir que realizaban trabajo esclavo, sin los requerimientos nutricionales y de descanso cubiertos, bajo presión, lejos del juego deliberado como parte de la formación deportiva, y sin planificación y control de un entrenador y preparador físico.


En los años setentas, la discusión se centraba en la imposibilidad de aumentar la masa muscular, por tratarse de pre-púberes, sin el estímulo hormonal necesario, y como consecuencia de esto, se postulaba la imposibilidad de aumentar la fuerza.


Hoy sabemos que el entrenamiento de la fuerza tiene dos componentes, el muscular y el neural. Este último depende de la coordinación intermuscular e intramuscular, que está íntimamente ligado con procesos vinculados con la maduración del Sistema Nervioso. Y el componente muscular, SI, tiene que ver con el estímulo de los cambios fisiológicos y hormonales producidos con la adolescencia.

Volvamos al cerebro y al sistema nervioso (SN). El SN madura antes que el sistema musculoesquelético y el gonadal-sexual, entonces no sólo se puede entrenar este componente de la fuerza, sino que SE DEBE. Porque es el momento de estimular la fase sensible, es decir generar todas las conexiones neurales, para optimizar el desarrollo de la fuerza, la velocidad y la coordinación.


Realizado esta pequeña introducción, pasemos a la información referida al entrenamiento de la fuerza específicamente.

Ya en el año 2001, 21 años atrás, el Comité de Medicina del Deporte y Actividad Física de la Academia Americana de Pediatría (AAP), publicó un documento sobre entrenamiento de la fuerza en niños y adolescentes que decía: “Los programas de entrenamiento de fuerza pueden emprenderse para mejorar el rendimiento deportivo, rehabilitar lesiones, prevenir lesiones, y/o mejorar la salud a largo plazo. Los estudios han mostrado que el entrenamiento de fuerza, cuando se estructura apropiadamente con respecto a la frecuencia, modo (tipo de levantamiento), intensidad y duración del programa, puede aumentar la fuerza en los preadolescentes y adolescentes”.

También agrega: “Los programas de entrenamiento de fuerza no parecen afectar de una forma adversa al crecimiento y no parecen tener ningún efecto perjudicial a largo plazo en la salud cardiovascular”.


Desde hace muchos años autores como Faigenbaum, Myer, Malina, etc., realizaron publicaciones sobre la seguridad y eficacia del entrenamiento de la fuerza en este grupo etario.


Según la National Association for Sport and Physical Education (2011) un programa bien diseñado de entrenamiento mejorará la performance de las habilidades motoras, reduce el riesgo de lesiones, y mejora la autopercepción.

Otras publicaciones (Gutin & Owens, 2011; Strong, et al., 2005, entre otras tantas), destacan como beneficios: reducción de grasa corporal, mejora del perfil lipídico, mejora de la salud musculoesquelética, etc.


En el 2014 se publica el Posicionamiento del Entrenamiento de la Fuerza, que surge del trabajo de expertos y prestigiosas asociaciones como: AAP, American Medical Society for Sport Medicine, FIMS, NSCA, etc. Sugiero su letura: http://femede.es/documentos/rev02_160.pdf

Me gustaría destacar este párrafo:

“La infancia es considerada como un momento crucial en el desarrollo de las habilidades motoras, ya que es durante estos años de formación, en que la coordinación neuromuscular es más susceptible a cambios. Durante esta etapa del desarrollo, los niños experimentarán una rápida maduración del cerebro, por lo que es fundamental la enseñanza de los patrones básicos de movimiento al mismo tiempo que ocurre el fortalecimiento natural de las vías sinápticas y la configuración sináptica más eficiente, ya que favorece el desarrollo deportivo a largo plazo. Una vez que el niño puede demostrar una apropiada competencia técnica, se pueden introducir ejercicios más complejos y avanzados que desafían al niño en términos de coordinación y requerirá mayores niveles y tasas de producción de fuerza”.

Y podríamos sumar estos conceptos muy apropiados en relación a las lesiones:

“La exposición de un niño o adolescente a una intensidad excesiva (carga externa) puede conducir a una lesión aguda, mientras que la prescripción un volumen excesivo de entrenamiento sobre un bloque de formación puede inducir un estado de sobreentrenamiento o lesión por sobreuso. Esto pone en relieve la necesidad de profesionales calificados para entender no sólo la teoría de la prescripción del entrenamiento de la fuerza, sino también las complejidades únicas asociadas con las diferentes edades y niveles de madurez de los jóvenes”.


En 2018 la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) realizó una publicación: “Entrenamiento de la fuerza en niños y adolescentes: beneficios, riesgos y recomendaciones”, brindando información actualizada para los Pediatras que no trabajan habitualmente con deportistas.


Entre los riesgos destacan:

š A) Ausencia de supervisión calificada. Este es un componente crítico en cualquier programa de entrenamiento de la fuerza, especialmente, para principiantes.

š B) Entorno inseguro: por ejemplo, el uso de equipos de ejercitación en el hogar.

š C) Los elementos de entrenamiento (máquinas, pesas, cintas, bandas, etc.) se utilizan en forma inapropiada.

š D) Falta de monitoreo en las estructuras y en la función de los equipos.

š E) Los equipos no son adecuados para niños y adolescentes.

š F) No se respeta estrictamente la técnica adecuada de cada ejercicio. Se debe seguir una tabla de control técnico.

š G) Errores en la planificación de la dosificación de las cargas y volúmenes de trabajo.

š H) No se respetan los intervalos de descanso.

š i) No se respetan los principios del entrenamiento infantojuvenil.


Beneficios potenciales del entrenamiento de la fuerza según SAP:

š • Aumenta la fuerza y la potencia de los músculos.

š • Aumenta la densidad mineral ósea.

š • Reduce el riesgo de lesiones en el deporte.

š • Mejora el desempeño de las habilidades motoras (saltar, lanzar, correr).

š • Mejora el rendimiento deportivo.

š • Mejora la composición corporal en niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad.

š • Incrementa la sensibilidad a la insulina en adolescentes con sobrepeso u obesidad.

š • Mejora el perfil lipídico en sangre.

š • Mejora la función cardiovascular.

š • Mejora la percepción de la imagen corporal e incrementa la confianza en sí mismo.

š • Genera bienestar psicosocial.

š • Mejora el rendimiento académico.

š • Genera mayor adherencia a la realización de actividad física de por vida.


En definitiva, los niños no solo pueden, sino deben entrenar la fuerza, y no solamente para alcanzar un objetivo deportivo, sino como medio para promover y preservar la salud.

Siempre se recomienda realizar una consulta médica previa, con un Pediatra y/o Deportólogo Infantojuvenil, para prevenir enfermedades y/o lesiones, y potenciar los beneficios del entrenamiento, con las recomendaciones del profesional.

Los programas de entrenamiento deben comenzar con el aprendizaje técnico de los ejercicios, incluyendo grandes grupos musculares, con rangos amplios de movimiento articular, abordando los patrones básicos de movimiento, evitando progresiones agresivas de las cargas, prestando especial atención a los factores de riesgo musculo esqueléticos y los patrones de injuria, como así también a la signo-sintomatología vinculada a lesiones y/o enfermedades.


Los bebés al sostener la cabeza a los 3 meses, hacen fuerza; al sentarse a los 6, hacen fuerza; al caminar al año, hacen fuerza; y al saltar a los 2 años, hacen muchísima fuerza.


“La fuerza es parte de la vida, LA FUERZA ES VIDA”.


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